Pesa todos los ingredientes
Empezando por el agua, pon todos los ingredientes en el tazón de una batidora de pie, con el gancho de amasar. Amasa por 15 minutos hasta que se forme una masa, suave, maleable y homogénea.
Cuando la masa esté lista, ponla en un bol y cúbrela con film plástico. Deja reposar por 10 minutos.
En una superficie de trabajo limpia y con la ayuda de un rodillo, extiende la masa, dobla y extiende nuevamente en dirección contraria. Repite este proceso de sobado por lo menos seis veces, siempre doblando la masa extendida sobre sí misma. Cubre y deja reposar por 10 minutos más.
Haz la prueba de la malla de gluten. Si la masa no es suficientemente elástica, tal vez haga falta volver a sobar la masa y dar tiempo de reposo adicional (10 minutos serán suficientes).
Divide la masa con una rasqueta o cortador de masa, en 6 porciones de 110 gramos cada una.
Haz una bola con cada una de las porciones de masa. La idea es lograr una esfera tersa. Ve doblando la masa hacia el centro hasta lograr una bola irregular. Pellizca los bordecitos para que todo quede bien sellado.
Haz un cuenco con las palmas de las manos y comienza a hacer movimientos circulares con la masa sobre la superficie de trabajo. De esta manera crearás tensión en la superficie de la masa, al tiempo que vas sellando la base.
Una vez boleada la masa, deja las bolas reposar, cubiertas, en una bandeja con un silicón de horno o con papel vegetal o pergamino, por 10 minutos. Puedes cubrir las bolas con una toalla de cocina limpia, o poner la bandeja dentro de una bolsa plástica.
Con la ayuda de un rodillo, estira cada una de las bolas. Notarás que tienes una masa elástica y sumamente maleable. Vas estirar y formar una suerte de óvalo, cuidando de que uno de los extremos tenga un dedo de grosor y que el otro sea en cambio muy fino, diría que tan fino como se pueda.
Con un aspersor, rocía un poco de agua sobre la masa extendida, para que al enrollar tu pan, la masa se pegue. Comienza a enrollar el pan comenzando por la parte más gruesa y estirando y haciendo un poco de tensión en lo que será el centro de tu hogaza.
Al terminar, presiona los extremos de cada bollo para formar los piquitos y coloca sobre la misma bandeja de horno con el borde hacia abajo. Cada bollo debe medir unas 5-6 pulgadas (unos 12-15 centímetros), dependiendo de si te gusta tu pan largo como el de las fotos, o más gordito.
Pon los panes a fermertar, tapados, por una hora y media (de nuevo, puedes cubrir con una toalla o meter la bandeja en una bolsa plástica). Recuerda que el tiempo de fermentación puede variar dependiendo de las condiciones ambientales.
Durante la última media hora de fermentación, precalienta el horno y un caldero de hierro que vas a colocar en la rejilla inferior, a 430F (220C).
Justo antes de llevar los panes al horno, rocíalos con un poco de agua con un aspersor.
Haz un corte longitudinal poco profundo en la superficie de los panes.
Pon tres hielos en el caldero, y pon la bandeja con los panes en la rejilla central, y hornea por 10 minutos.
Baja la temperatura a 390F (200C) y hornea por 20 minutos más.
Para asegurarte de que tus panes está perfectamente cocidos, introduce un termómetro por una de las puntas y hacia el corazón del bollo. Si el termómetro marca 200F (93C), el pan está listo.
Deja enfriar sobre una rejilla de metal por 10 minutos antes de servir.